“Reza, ten fe y no te preocupes”

Padre Pío de Pietrelcina

Parroquia Padre Pío

“Reza, ten fe y no te preocupes”

Padre Pío de Pietrelcina

Parroquia Padre Pío

El Santo Rosario

Enseñanzas del Padre Pío sobre la Oración

• Reza, ten fe y no te preocupes. La preocupación es inútil. Dios es misericordioso y escuchará tu oración… La oración es la mejor arma que tenemos; es la llave al corazón de Dios. Debes hablarle a Jesús, no sólo con tus labios sino con tu corazón. En realidad, en algunas ocasiones debes hablarle sólo con el corazón.

• En la medida en que vacíes tu ‘yo’ de sí mismo es decir, del apego a los sentidos y a tu propia voluntad, echando raíces en la santa humildad, el Señor hablará a tu corazón.

• Sean vigilantes cuando mediten. Generalmente los que se entregan a la meditación lo hacen con una especie de arrogancia, tan ansiosos están por encontrar el sujeto susceptible de consolar su espíritu; y esto es suficiente para impedirles encontrar lo que buscan.

• Si tu espíritu no se concentra, tu corazón está vacío de amor. Cuando se busca, sea lo que sea, con avidez y prisa, puede uno tocar cientos de veces el objeto sin ni siquiera darse cuenta. La ansiedad vana e inútil te fatigará espiritualmente y tu espíritu no podrá dominar su sujeto. Hay que liberarse de toda ansiedad, porque ella es la peor enemiga de la devoción sincera y auténtica. Y esto principalmente cuando se ora. Recuerda que la gracia y el gusto de la oración no proviene de la tierra sino del cielo y que es en vano utilizar una fuerza que solo podría perjudicaros.

Santo Rosario acerca de las Virtudes Cristianas

Se expresan las acciones de gracias e intenciones.

Oración de Inicio

Dulzura de los ángeles, alegría de los afligidos, abogada de los cristianos, Virgen Madre del Señor, protégeme y sálvame de los sufrimientos eternos. Virgen María, purísimo inciensario de oro, que ha contenido a la Trinidad excelsa; en tí se ha complacido el Padre, ha habitado el Hijo, y el Espíritu Santo, que cubriéndote con su sombra, Virgen, te ha hecho madre de Dios. Nosotros nos alegramos en ti, tú eres nuestra defensa ante Dios. Extiende tu mano invencible y aplasta a nuestros enemigos. Manda a tus siervos el socorro del cielo. Amén

Nos ponemos en presencia del Señor con la Señal de la cruz Pésame (Todos juntos)

PRIMER MISTERIO:

Veo, queridísima hija, que todas las estaciones del año se dan en tu alma, ya que a veces sientes el invierno de la esterilidad, las distracciones, las desganas y los tedios; otras, el rocío del mes de mayo con el perfume de santas florecillas; otras, los colores del deseo de agradar a Dios. No te falta más que el otoño, en el que, como sabes, no brotan muchos frutos; pero sucede con frecuencia que, al trillar las mieses y prensar las uvas, uno se encuentra con cosechas más abundantes de lo que prometían la siega y la vendimia.

Tú, hija, querrías que todo se hallara en primavera o en verano; pero no, hija; es necesario que se den estas vicisitudes en el interior y en el exterior. Sólo en el cielo todo será primavera en cuanto belleza, todo otoño en cuanto gozo, todo verano en cuanto amor. No existirá invierno alguno; pero el invierno es necesario para ejercitarnos en la abnegación y en las mil pequeñas y bellas virtudes, que se practican en las épocas de esterilidad. (18 de mayo de 1918, a María Gargani – Ep. III, p. 315)

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

Oh Jesús mio, perdona nuestras culpas, libranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las más necesitadas de tu misericordia.

Ave Maria Purisima, sin pecado concebida.

Santo Padre Pio, Ruega por nosotros.

SEGUNDO MISTERIO:

Camina siempre, mi buena hija, al mismo paso, y no te inquietes si éste te parece lento; si tu intención es buena y decidida, no cabe más que caminar bien. No, mi queridísima hija, para el ejercicio de las virtudes no es necesario estar siempre, y de forma expresa, atenta a todas; esto sin duda enredaría y complicaría demasiado tus pensamientos y tus afectos.

En resumen, puedes y debes estar tranquila, porque el Señor está contigo y es él el que obra en ti. ¡No temas por encontrarte en la barca en la que él duerme y te deja! Abandónate totalmente en los brazos de la divina bondad de nuestro Padre del cielo y no temas, porque tu temor sería tan ridículo como el que pueda sentir un niño en el regazo materno. (18 de mayo de 1918, a María Gargani – Ep. III, p. 315)

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

Oh Jesús mío, perdona nuestras culpas, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las más necesitadas de tu misericordia.

Ave Maria Purisima, sin pecado concebida.

Santo Padre Pio, Ruega por nosotros.

TERCER MISTERIO:

Mantente firme en tus decisiones; permanece en la barca en la que te ha puesto nuestro Señor, que, aunque llegue la tempestad, no perecerás. Te parece que Jesús duerme, y es posible que sea así; pero ¿no sabes que, si él duerme, su corazón cuida oportunamente de ti? Déjale incluso que duerma; pues en el momento oportuno despertará para ofrecerte la calma. El queridísimo San Pedro, dice la Escritura, se asustó y temblando exclamó: «Señor, sálvame». Y nuestro Señor, tomándolo de la mano, le dijo: «Hombre de poca fe, ¿por qué has dudado?». Mira, hija, a este santo apóstol: él camina a pie enjuto sobre las aguas; las olas y los vientos no sabrían sumergirlo; pero el miedo al viento y a las olas lo desanima, lo abate. El miedo es un mal peor que el mismo mal. Hijita de poca fe, ¿qué puedes temer tú? ¿No cuida él de ti? Tú caminas sobre el mar, encuentras vientos y olas, pero ¿el estar con Jesús no te es suficiente? ¿A qué puedes tener miedo? Pero si el miedo te sorprende, grita con fuerza: «Señor, sálvame». Él te alargará la mano; apriétala con fuerza y camina con alegría sobre el mar de las tempestades de la vida. (27 de diciembre de 1917, a una destinataria desconocida – Ep. III, p. 927)

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

Oh Jesús mio, perdona nuestras culpas, libranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las màs necesitadas de tu misericordia.

Ave Maria Purisima, sin pecado concebida.

Santo Padre Pio, Ruega por nosotros.

CUARTO MISTERIO:

Vive tranquila, queridísima hija, borra de tu imaginación lo que pueda perturbarte, y repite con frecuencia a nuestro Señor: Oh Dios, tú eres mi Dios, yo confío en ti; me asistirás y serás mi refugio y yo nada temeré; porque tú, no sólo estás con él, sino que estás en él y él en tí. ¿Qué puede temer el hijo en los brazos de un tal Padre? Sé como los niños; no piensan casi nunca en su futuro, tienen quienes piensan por ellos; son bastante fuertes, solamente están con su Padre. Haz tú también lo mismo, queridísima hija, y vivirás en paz. (23 de abril de 1918, a Herminia Gargani – Ep. III, p. 724)

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

Oh Jesús mio, perdona nuestras culpas, libranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las màs necesitadas de tu misericordia.

Ave Maria Purisima, sin pecado concebida.

Santo Padre Pio, Ruega por nosotros.

QUINTO MISTERIO:

Sufrir una prueba no depende en absoluto del alma, y nada se podrá hacer directamente para entrar en ella. Depende exclusivamente de la voluntad de Dios. Lo que te aconsejo es que estés tranquila y que no te preocupes por lo que sucederá. Todo concluirá en gloria de Dios y en santificación del alma. Además, mantente siempre humilde ante la voluntad infinita del Señor, ensancha siempre tu corazón, agradece sin interrupción al buen Dios los favores que continuamente te otorga, porque no es digno de recibir nuevas gracias el que no sabe agradecer las que ya ha recibido. Y deja libre actuación a la gracia de Dios, buscando siempre su gloria, tu salvación y la de todas las almas; y no te olvides nunca que los favores celestiales se conceden, no sólo para la propia santificación, sino también para la santificación demás. (23 de febrero de 1915, a Raffaelina Cerase – Ep.II, p. 340)

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

Oh Jesús mio, perdona nuestras culpas, libranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las màs necesitadas de tu misericordia.

Ave Maria Purisima, sin pecado concebida.

Santo Padre Pio, Ruega por nosotros.

Por las intenciones del Santo Padre Francisco para este mes: Salve, 3 Ave María y Gloria

Rezamos la Oración a San Miguel Arcángel por el Padre Gustavo Seivane, asesor espiritual nacional de los grupos de Padre Pío. Pedimos su protección y fortalecimiento:

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla. Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas.Amén.

Santo Rosario acerca de la Caridad

Comenzamos con una importante afirmación:

La primera virtud de la que tiene necesidad el alma que tiende a la perfección, es la caridad. En todas las cosas naturales, el primer movimiento de las mismas, su primera inclinación, su primer ímpetu, es el de tender, el de ir al centro: es ésta una ley física. Lo mismo sucede con las cosas sobrenaturales. el primer movimiento de nuestro corazón es el de ir a Dios, que no es otra cosa que amar su propio y verdadero bien. Con toda razón en la sagrada escritura se llama a la caridad vínculo de perfección.

La caridad tiene como hermanas gemelas el gozo y la paz. El gozo nace del deseo de poseer aquello que se ama. Ahora bien, desde el momento en que el alma conoce a Dios, se ve naturalmente impulsada a amarlo; si el alma sigue este impulso natural, avivado a su vez por el Espíritu Santo, ya está amando al supremo Bien. En consecuencia, esta alma afortunada ya está en posesión de la hermosa virtud de la caridad. Ahora bien, amando a Dios, ya está segura de poseerlo, porque aquí no ocurre, como suele ocurrir lamentablemente a quien ama el dinero, los honores y la salud, que no siempre tiene lo que ama; quien ama a Dios inmediatamente lo posee. No es esto una invención de mi mente; es la sagrada escritura la que lo dice: <<Quien permanece en el Amor, permanece en Dios y Dios en él.>> ¿Acaso, no significa que, como el alma orientada a Dios es toda de Dios por el amor, de la misma manera Dios por comunicación es todo del alma? (23 de octubre de 1914, a Raffaelina Cerase — Ep. II p. 197)

Se expresan las acciones de gracias e intenciones.

Nos ponemos en presencia del Señor con la señal de la cruz.

Pésame.

PRIMER MISTERIO:

Imitad a Jesús en la caridad, porque él reconoce como suyos sólo a los que conservan celosamente esta preciosa margarita; y recordad siempre que, cuando nos presentemos ante su divina presencia, todo su juicio girará sobre la caridad. Haced vuestro el dicho del gran obispo de Hipona: «Mi peso es mi amor». Sí, pesad todas vuestras acciones con la balanza del amor, e iréis tejiendo una corona de méritos para el cielo.

El hastío que experimentáis al practicar la virtud y la oración, ni os debe experimentáis asustar ni os debe llevar a retroceder en la práctica de una y de otra. Continuad en ello; y no os tiene que parecer una pérdida de tiempo, ya que ese tiempo está empleado y gastado en practicar la obediencia.

Las tentaciones no os asusten: son la prueba a la que Dios quiere someter al alma, cuando la ve con las fuerzas necesarias para sostener el combate de obtener con sus propias manos la corona de la gloria. La gracia divina os sirva de defensa y de apoyo en todo. (7 de enero de 1919, a los novicios – Ep IV, p. 380)

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

Oh Jesús mío, perdona nuestras culpas, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las más necesitadas de tu misericordia.

Ave María Purísima, sin pecado concebida.

Santo Padre Pio, Ruega por nosotros.

SEGUNDO MISTERIO:

Lo que el santo apóstol Pablo considera más importante es la caridad, y, por eso, la recomienda vivamente, más que cualquier otra virtud, y quiere que esté presente en todas las acciones, pues es la única y sola virtud que constituye la perfección cristiana: «Y por encima de todo esto -dice él- conservad, tened la caridad, que es el vínculo de la perfección». Mira: él no se contenta con recomendarnos la paciencia, el soportarnos mutuamente, también éstas virtudes nobles; pero no, él quiere la caridad y con mucha razón, porque puede darse muy bien que uno soporte pacientemente los defectos de los otros, perdone incluso las ofensas recibidas, y todo puede ser sin mérito, cuando se ha hecho sin caridad, que es la reina de las virtudes y que las incluye a todas.

Por tanto, hermana mía, tengamos en gran aprecio esta virtud, si queremos encontrar misericordia en el Padre del cielo. Amemos la caridad y pongámosla en práctica, es la virtud que nos constituye en hijos de un mismo Padre que está en los cielos; amemos y practiquemos la caridad, siendo éste el precepto del divino Maestro: en esto nos diferenciaremos de la gente, si amamos y practicamos la caridad; amemos la caridad y huyamos hasta de la sombra de lo que de algún modo podría ofuscarla; sí, por fin, amemos la caridad y tengamos siempre presente la gran enseñanza del apóstol: «Todos nosotros somos miembros de Cristo Jesús», y que solamente Jesús es la Cabeza de todos nosotros, sus miembros». Mostrémonos amables mutuamente y recordemos que todos hemos sido llamados a formar un solo cuerpo, y que, si conservamos la caridad, la hermosa paz de Jesús triunfará siempre exultante en nuestros corazones. (16 de noviembre de 1914, a Raffaelina Cerase – Ep. II, p. 226)

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

Oh Jesús mío, perdona nuestras culpas, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las más necesitadas de tu misericordia.

Ave Maria Purisima, sin pecado concebida.

Santo Padre Pio, Ruega por nosotros.

TERCER MISTERIO:

Tres cosas debes alejar de ti. La primera de la que te tienes que salvaguardar, es de litigar, de discutir; si te comportas de otro modo, adiós paz, adiós caridad! Querer permanecer aferrada arrogantemente a la propia opinión es siempre fuente y principio de discordia. Ante este vicio maldito, San Pablo nos exhorta a permanecer unánimes con un mismo afecto. Cuídate, además, del amor de vanagloria, vicio propio de las personas devotas. Él nos empuja, sin que nos demos cuenta, a figurar siempre más que los otros, a ganarnos la estima de todos. También San Pablo alertó a sus queridos filipenses cuando dijo:

«Nada hagáis por vanagloria».

Este gran santo, lleno del Espíritu del Señor, veía en toda su amplitud el mal que este maldito vicio podría acarrearles a esos Santos Cristianos, si lograra penetrar en sus espíritus; y, como consecuencia, quiso ponerlos sobre aviso:

«Nada hagáis por vanagloria».

A este maldito vicio, verdadera carcoma, verdadera polilla, del alma devota, oponle tú el desprecio de esa vanagloria. No quieras oír muchas cosas sobre ti: la baja estima de uno mismo, considerando a todos mejores, es el único remedio para preservarnos de este vicio. Finalmente, es necesario cuidarse de otra cosa no menos peligrosa que este vicio, porque encierra en sí el germen infausto de la división. Esta última cosa de la que hay que precaverse es la de anteponer siempre la propia utilidad a la de los demás, porque el anteponer el provecho propio al de los demás tiende siempre y necesariamente a la ruptura de ese hermoso vínculo que es la caridad; vínculo que debe unir siempre a las almas cristianas, ya que la caridad, al decir de San Pablo, es «vínculo de perfección». (4 de noviembre de 1914, a Raffaelina Cerase – Ep. II, p. 217)

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

Oh Jesús mío, perdona nuestras culpas, libranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las más necesitadas de tu misericordia.

Ave María Purísima, sin pecado concebida.

Santo Padre Pio, Ruega por nosotros.

CUARTO MISTERIO:

Mantente vigilante y no te abandones nunca presuntuosamente a ti misma ni confíes demasiado en ti; procura avanzar cada vez más por el camino de la perfección y progresa siempre en la caridad, que es el vínculo de la perfección cristiana; abandónate en brazos de Dios Padre con confianza filial y ensancha tu corazón a los dones del Espíritu Santo, que espera una señal tuya para enriquecerte con ellos.

Sí, obremos el bien; ahora es el tiempo de la siembra; si queremos recolectar mucho es necesario, no tanto sembrar mucho, sino sobre todo esparcir la semilla en terreno bueno. Nosotros ya hemos sembrado mucho, pero para nosotros es muy poca cosa si queremos alegrarnos en el tiempo de la cosecha. Esparzamos, esparzamos aún, querida mía, la otra semilla; y que por esto nada nos entristezca. Procuremos que esta semilla caiga en campo bueno, y, cuando el calor llegue a abrir esta semilla y haga de ella una planta, estemos vigilantes y cui- demos mucho que la cizaña no la sofoque. (10 de diciembre de 1914, a Raffaelina Cerase – Ep. II, p. 257)

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

Oh Jesús mío, perdona nuestras culpas, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las más necesitadas de tu misericordia.

Ave María Purísima, sin pecado concebida.

Santo Padre Pio, Ruega por nosotros.

QUINTO MISTERIO:

Tengámonos por lo que somos de verdad: nada, miseria, debilidad, una fuente de perversidad sin límites ni atenuantes, capaces de convertir el bien en mal, de abandonar el bien por el mal, de atribuirnos el bien que no tenemos o aquel bien que hemos recibido en préstamo, y de justificarnos en el mal y, por amor del mismo mal, despreciar al Sumo Bien. Con este convencimiento grabado en la mente, tú:

1º no te complacerás nunca en ti mismo por algún bien que puedas hacer, porque todo te viene de Dios y a él debes dar honor y gloria;

2º no te lamentarás nunca de las ofensas, te vengan de donde te vinieren;

3º perdonarás todo con caridad cristiana, teniendo bien presente el ejemplo del Redentor, que llegó incluso a excusar ante su Padre a los que le crucificaron;

4º gemirás siempre como pobre delante de Dios;

5º no te maravillarás de ningún modo de tus debilidades e imperfecciones; pero, reconociéndote por lo que eres, te avergonzarás de tu inconstancia y de tu infidelidad a Dios; y, ofreciéndole tus propósitos y confiando en él, te abandonarás tranquilamente en los brazos del Padre del cielo, como un tierno niño en los de su madre. (19 de agosto de 1918, a Fray Gerardo de Deliceto – Ep. IV, p. 25)

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

Oh Jesús mío, perdona nuestras culpas, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las más necesitadas de tu misericordia.

Ave María Purísima, sin pecado concebida.

Santo Padre Pio, Ruega por nosotros.

Por las intenciones del Santo Padre Francisco para este mes:
Salve, 3 ave María y Gloria

Rezamos la Oración a San Miguel Arcángel por el Padre Gustavo Seivane, asesor espiritual nacional de los grupos de Padre Pío. Pedimos protección y fortalecimiento:

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla. Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas.” Amén.

Santo Rosario acerca de la Santidad

Reflexiona Fray Luis Arrom, Capuchino español, acerca de ser santos:

“No puedo ser santo ni un verdadero cristiano si no entiendo que son bienaventurados los pobres, que lo que importa en esta vida, no es triunfar, no es ser primero que los demás, no es destacar, no es tener dinero, todo esto no es importante desde el punto de vista divino, más bien al contrario, la sencillez es algo grande, bello, la pobreza es bienaventurada; el que llora de misericordia de compasión, pero llora entre los brazos de Dios, también es bienaventurado; el pacífico, el que siembra la paz, con sus actitudes y palabras aunque pierda a los ojos del mundo, es bienaventurado; es bienaventurado el que tiene hambre y sed de justicia, de verdad, de santidad, el que no tiene hambre de ser el número uno, de saber muchas cosas; que no es que esas cosas sean malas, pero el que tiene claro donde está lo principal y el eje de la vida ese puede aspirar a ser un cristiano de verdad, un santo. Porque me reconozco pecador no debo ni puedo condenar a nadie, porque soy pecador no soy capaz de superar la miseria que hay en mí, mi pereza, mis egoísmos, mis iras, mis cosas malas si no rezo, si no acudo a Dios… Cada uno ha de ser santo a su manera, no hay dos santos iguales. La santidad y la perfección significan, permitirle a Jesús, permitirle a Dios, vivir Su santidad, Su grandeza, Su bondad, Su amor en mí, dejar a Dios vivir en mí.”

Nos ponemos en presencia del Señor con la Señal de la Cruz
Pésame

Se expresan las acciones de gracias e intenciones.

ORACIÓN DE INICIO

Amado Jesús, Señor nuestro, meditaremos hoy a tu lado acerca de la Santidad. Tocă nuestro corazón para que podamos reconocer nuestras debilidades, resistirlas y modificarlas. Que atesoremos hoy las enseñanzas del Santo Padre Pio, y logremos ser como esperàs de cada uno de nosotros. Que recibamos el amor de tu Madre en este camino de búsqueda de la santidad que deseamos transitar. Que así sea.

Palabras de Padre Pío:

“Has de saber que los santos son siempre despreciados por el mundo y los mundanos, y que han puesto bajo sus pies el mundo y sus máximas.” (31 de diciembre de 1921, a Violante Masone – Ep. III, p. 1079)

PRIMER MISTERIO:

Para llegar a alcanzar nuestro fin último es necesario seguir al jefe divino, que no suele conducir al alma elegida por camino distinto al que él recorrió; por el de la abnegación y la cruz: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame». ¿Y no debes llamarte afortunada al verte así tratada por Jesús? Necio quien no sabe penetrar en el secreto de la cruz.

Para llegar al puerto de la salvación, nos dice el Espíritu Santo, las almas de los elegidos deben pasar y purificarse en el fuego de las dolorosas humillaciones, como el oro y la plata en el crisol, y de esa forma se ahorran las expiaciones de la otra vida: «En el sufrimiento mantente firme, y en los reveses de tu humillación sé paciente. Porque en el fuego se purifica el oro y la plata; y los hombres adeptos a Dios, en el camino de la humillación».

Jesús quiere hacernos santos a toda costa, pero más que nada quiere santificarte a ti. Él te lo está manifestando continuamente; parece que no tiene entre manos otra preocupación que la de santificar tu alma. ¡Oh!, iqué bueno es Jesús! Las cruces continuas a las que te somete, dándote la fuerza, no sólo necesaria sino sobre abundantemente, para soportarlas con mérito, son signos muy ciertos y particularísimos de su entrañable amor por ti. La fuerza que él te da, créeme, no queda infecunda en ti; te lo aseguro de parte de Dios y tú debes escucharme humildemente, apartando de ti cualquier sentimiento contrario. (15 de agosto de 1914, a Raffaelina Cerase – Ep. II, p. 153)

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

Oh Jesús mio, perdona nuestras culpas, libranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las màs necesitadas de tu misericordia.

Ave María Purísima, sin pecado concebida.
Santo Padre Pío, Ruega por nosotros.

SEGUNDO MISTERIO:

En este tiempo busca ayuda sobre todo en la lectura de los libros santos; y yo deseo vivamente que leas siempre esos libros, pues esas lecturas son un buen alimento para el alma y buena ayuda para avanzar en el camino de la perfección, no menos que la oración y la santa meditación, porque en la oración y en la meditación somos nosotros los que hablamos al Señor, mientras que en la lectura santa es Dios el que nos habla. Busca lo más que puedas el tesoro de estas lecturas santas y experimentarás muy pronto que se renueva tu espíritu. Antes de ponerte a leer estos libros eleva tu mente al Señor y suplícale que sea él mismo el que guíe tu mente, que se digne hablarte al corazón, y que mueva él mismo tu voluntad. Pero no basta; conviene además que te postres ante el Señor antes de comenzar la lectura, y volverlo a hacer de tanto en tanto durante el curso de la misma, porque tú no la haces por estudio o para satisfacer la curiosidad, sino únicamente para complacerle y darle gusto a él. (14 de julio de 1914, a Raffaelina Cerase – Ep. II, p. 126)

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

Oh Jesús mio, perdona nuestras culpas, libranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las màs necesitadas de tu misericordia.

Ave María Purísima, sin pecado concebida.
Santo Padre Pío, Ruega por nosotros.

TERCER MISTERIO:

Fortalécete con el sacramento eucarístico. En medio de tantas desolaciones no deje tu alma de cantar frecuentemente a Dios el himno de la adoración y de la alabanza. Vive siempre alejada de la corrupción de la Jerusalén carnal, de las asambleas profanas, de los espectáculos corruptos y corruptores, de todas esas sociedades de los impíos. Dispón tus labios, como hizo el divino Redentor, y sigue bebiendo con él las negras aguas del Cedrón, aceptando con piadosa resignación el sufrimiento y la penitencia. Atraviesa con Jesús este torrente, sufriendo con constancia y valentía los desprecios del mundo por amor a Jesús. Vive recogida, y toda tu vida quede escondida en Jesús y con Jesús en el huerto de Getsemaní, es decir, en el silencio de la meditación y de la oración. No te asusten ni la oscuridad de la noche de la humillación y de la soledad ni el aumento de las mortificaciones. Siempre adelante, adelante, Raffaelina; la amargura del torrente de la mortificación no te detenga. La persecución de los mundanos y de todos los que no viven del espíritu de Jesucristo no te aparten de seguir ese camino que han recorrido los santos. Corre siempre por la pendiente del monte de la santidad y no te desanime el sendero escabroso. Sigue caminando junto a Jesús, y si, siguiéndole a él, estás a salvo de todo, es también muy cierto que triunfarás, como siempre, en todo. (4 de agosto de 1915, a Raffaelina Cerase – Ep. II, p. 470)

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

Oh Jesús mío, perdona nuestras culpas, libranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las más necesitadas de tu misericordia.

Ave María Purísima, sin pecado concebida.
Santo Padre Pío, Ruega por nosotros.

CUARTO MISTERIO:

A los mundanos les parece increíble que haya almas que sufren al ver que la providencia les prolonga la vida. Sin embargo, ahí está la historia de los santos, que es y será la maestra de la humanidad.

De los sufrimientos atroces que sufren las almas de los justos al verse lejos de su centro, podemos formarnos, oh Raffaelina, una pálida idea fijándonos en lo que esas almas sufren, incluso al tener que satisfacer las necesidades más vitales de la vida, como el comer, el beber y el dormir. Y si la piedad de Dios no acudiera, especialmente en ciertos momentos y en ciertos días, con una especie de milagro, privándoles de la reflexión mientras realizan esos actos necesarios para la vida, para las pobrecitas es tal el tormento que experimentan al realizar una tal acción, que además no pueden evitar, que yo, sin miedo a mentir, no sabría encontrar una comparación adecuada como no sea lo que debieron experimentar los mártires que fueron quemados vivos, entregando así sus vidas a Jesús en testimonio de su fe.

Es fácil que esta comparación a alguno le resulte una exageración hermosa y vacía, pero yo, mi querida Raffaelina, sé lo que me digo. El día del juicio universal veremos ciertamente a estas almas que, sin haber dado su sangre por la fe, digo que las veremos coronadas, igual que los mártires, con la palma del martirio. (23 de febrero de 1915, a Raffaelina Cerase – Ep. II, p. 340)

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

Oh Jesús mío, perdona nuestras culpas, libranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las más necesitadas de tu misericordia.

Ave María Purísima, sin pecado concebida.
Santo Padre Pío, Ruega por nosotros.

QUINTO MISTERIO:

Venga pronto el reino de Dios; santifique a su Iglesia este piadosísimo Padre; derrame abundantemente su misericordia sobre aquellas almas que hasta ahora no lo han conocido. Destruya el reino de satanás; ponga en evidencia, para confusión de esta bestia infernal, todas sus malas artimañas; haga conocer a todas las almas las claves para engañar de este triste cosaco. Este tiernísimo Padre ilumine las inteligencias de todos los hombres y llame a sus corazones, para que los fervorosos ni se enfríen ni reduzcan la marcha en los caminos de la salvación; los tibios se enfervoricen; y aquellos que se le han alejado retornen a él. Disipe también y confunda a todos los sabios de este mundo para que no combatan e impidan la propagación del reino. En fin, que este Padre tres veces santo aleje de su Iglesia las divisiones que existen e impida que se produzcan otras nuevas, para que haya un solo redil y unvsolo Pastor.
Centuplique el número de las almas elegidas; envíe muchos santos y doctos ministros; santifique a los actuales y haga que, por medio de ellos, retorne el fervor a todas las almas cristianas. Aumente el número de los misioneros católicos, porque, todavía de nuevo, nos tenemos que lamentar con el divino Maestro: <<La miel es mucha y los trabajadores son pocos.>> (8 de marzo de 1915, a Anita Rodote – Ep. III, p. 61)

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

Oh Jesús mío, perdona nuestras culpas, libranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las más necesitadas de tu misericordia.

Ave María Purísima, sin pecado concebida.
Santo Padre Pío, Ruega por nosotros.

Por las intenciones del Santo Padre Francisco para este mes:
Salve, 3 ave María y Gloria

Rezamos la Oración a san Miguel Arcángel por el ASESOR ESPIRITUAL NACIONAL de los Grupos de Padre Pío y por el sacerdote de nuestra Parroquia. Pedimos su protección, salud y fortalecimiento:

“San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla. Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas.” Amén.

PEDIMOS LA SANTIDAD DE LOS SACERDOTES

Oh Redentor Nuestro, acepta vivir en los sacerdotes, transfórmalos en Ti. Hazlos por tu gracia ministros de tu misericordia, obra a través suyo, y haz que, imitando fielmente tus virtudes, se revistan en todo de Ti, y actúen en Tu nombre y con la fuerza de tu Espíritu. Contempla, Señor Jesucristo, cuántos son todavía los que duermen en las tinieblas del error, cuántas son las ovejas que caminan al borde del precipicio. Dirige tu mirada a tantas y tantos pobres, hambrientos y débiles, que lloran en medio de su soledad. Vuelve Tú a nosotros por medio de tus sacerdotes. Muéstrate en ellos y, obrando a través suyo, recorre el mundo de nuevo, enseñando, perdonando, santificando y renovando los lazos de amor entre tu Corazón Divino y nuestros pobres corazones. Amén.

V. Para conseguir el perdón de los pecados,

R. Señor, danos sacerdotes santos.

V. Para que no nos falte la Sagrada Eucaristía,

R. Señor, danos sacerdotes santos.

V. Para que prediquen a Cristo, y a éste crucificado,

R. Señor, danos sacerdotes santos.

V. Para que den testimonio de la Verdad,

R. Señor, danos sacerdotes santos.

V. Para que los niños conserven la Gracia,

R. Señor, danos sacerdotes santos.

V. Para que la juventud conozca y siga a Cristo,

R. Señor, danos sacerdotes santos.

V. Para que los mayores conformen sus vidas según la Ley de Dios,

R. Señor, danos sacerdotes santos.

V. Para que tengamos hogares cristianos,

R. Señor, danos sacerdotes santos.

V. Para que en nuestros pueblos se viva la unión y la caridad cristiana.

R. Señor, danos sacerdotes santos.

V. Para que los enfermos reciban los auxilios espirituales.

R. Señor, danos sacerdotes santos.

V. Para que nos acompañen a la hora de nuestra muerte, y ofrezcan la Santa Misa por nosotros.

R. Señor, danos sacerdotes santos.

Santa María, Madre de la Iglesia, Reina de los Apóstoles, alcánzanos del Señor muchos y santos sacerdotes. Así sea.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Santo Rosario acerca de la Humildad

Nos ponemos en presencia del Señor con la Señal de la Cruz

INTENCIONES

RECEMOS este santo Rosario dando gracias por el don de la fe que hoy nos ha traído a este templo.

Elevamos nuestras plegarias por nuestra Santa Iglesia, el Papa Francisco, los Obispos, presbíteros, diáconos, seminaristas y por las vocaciones. Rogamos el alivio del sufrimiento de quienes se han encomendado a nuestras oraciones por diversas vías, por los encarcelados, por quienes viven en pecado, por las almas del Purgatorio y por las intenciones de todos los presentes.

Hoy meditaremos acerca de la humildad. Comenzamos con el pensamiento de algunos santos:

– Decía San Francisco de Asís:

“La soberbia hace su voluntad, la humildad hace la voluntad de Dios.”

– Rezaba Santa Fausina Kowalska:

“Oh humildad, flor hermosa, veo que son pocas las almas que te poseen. ¿Será porque eres tan bella y a la vez tan difícil de conquistar? Oh si, una y otra cosa. Dios Mismo se complace en ella. Sobre un alma humilde están entre abiertas las compuertas celestiales y un mar de gracias fluye sobre ella. Tal alma está unida a Dios de modo más profundo. Si hay en la tierra un alma verdaderamente feliz, ésta es solamente un alma verdaderamente humilde.”

– Afirmaba Santa Teresa:

“La humildad es andar en la verdad. El desprendimiento y la humildad andan siempre juntas como dos hermanas inseparables. ¡Hermanas poderosas, señoras del mundo, libertadoras de todas las cadenas y enredos! Tan amadas del Maestro que nunca se las vio sin su compañía. Estas hermanas inseparables no temen a nada ni a nadie, pues no les importa perderlo todo. Lo único que les preocupa es descontentar a Dios. El humilde se contenta con lo que le toca: si se trata de servir, sirve; si le toca trabajar fuerte, lo hace y si le dan regalos (contemplación) con admiración y agradecimiento los recibe, aunque piensa que no le corresponden. Todas sus acciones y pensamientos le parecen insignificante para tan gran Señor.”

Pésame

PRIMER MISTERIO:

Nuestro Señor te ama, hijita mía, y te ama tiernamente; y si él, a veces, no te hace sentir la dulzura de este amor, lo hace para llevarte a una humildad mayor y para que te des más cuenta de lo despreciable que eres. Pero no dejes por eso de recurrir a su santa benignidad con toda confianza, particularmente en el tiempo en que lo representamos como pequeño niño en Belén. Porque, hijita mía, ¿para qué se aferra él a esta dulce y amable condición sino para llevarnos a amarlo confiadamente y a entregarnos amorosamente a él?

Permanece muy cerca de la cuna de este gracioso niño, especialmente en estos días santos de su nacimiento. Si amas las riquezas, aquí encontrarás el oro que los reyes magos le dejaron; si amas el humo de los honores, aquí encontrarás aquel incienso; y si amas las delicadezas de los sentidos, sentirás la olorosa mirra, que perfuma toda la gruta. Sé rica de amor hacia este niño celestial; respetuosa en la familiaridad que tendrás con él mediante la oración; y toda delicada en la alegría de sentir en ti las santas inspiraciones y los afectos de ser solamente suya.

Mantén el buen ánimo en lo que se refiere a tus pequeños resentimientos y defectos; pasarán, sin duda; y, si no pasan, será para ti un ejercicio de humildad y de mortificación. Vive tranquila, hijita mía, y no temas, porque Jesús está contigo. Sigue en el camino que has emprendido y no reduzcas jamás la marcha. (30 de diciembre de 1918, a María Gargani – Ep. III, p. 346)

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

Oh Jesús mío, perdona nuestras culpas, libranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las más necesitadas de tu misericordia.

Ave María Purísima, sin pecado concebida.
Santo Padre Pío, Ruega por nosotros.

SEGUNDO MISTERIO:

Sé que os entristecéis porque no lográis corregir vuestras imperfecciones; pero, Sé que tened el ánimo, mis queridos hijos, y recordad lo que sobre este punto os he dicho tantas veces: que os tenéis que entregar con la misma intensidad a la práctica de la fidelidad a Dios y a la práctica de la humildad. La fidelidad, para renovar vuestros propósitos de servir a Dios con la misma frecuencia con que los quebrantáis, y para que, teniéndolos presentes, no los quebrantéis en adelante. La humildad, cuando os suceda que habéis transgredido vuestros propósitos, para reconocer vuestra miseria y abyección. Cuidad con gran esmero vuestros corazones para purificarlos de acuerdo al número y a las inspiraciones que vais recibiendo. Levantad con frecuencia vuestras almas a Dios; leed buenos libros siempre que os sea posible, pero con mucha devoción; sed asiduos a la oración, a la meditación, y al examen de conciencia varias veces al día. (Sin fecha, a los novicios – Ep. IV, p. 383)

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

Oh Jesús mío, perdona nuestras culpas, libranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las más necesitadas de tu misericordia.

Ave María Purísima, sin pecado concebida.
Santo Padre Pío, Ruega por nosotros.

TERCER MISTERIO:

Inquietarnos después de una acción porque no ha salido según la intención pura que se tenía, no es humildad; es signo claro de que el alma no había puesto la perfección de su obra en la ayuda divina, sino que más bien había confiado demasiado en sus propias fuerzas. Mi Raffaelina se preservará de esta secreta filosofía de satanás, desechando sus sugerencias tan pronto como las haya advertido. La gracia vigilante del Señor te libere en todo momento de ser conquistada, incluso levemente, por ese espíritu maligno. Nunca es de poca importancia para un alma desposada con el Hijo de Dios haber caído, incluso en cosas pequeñas, en las malas artimañas de este terrible monstruo. (17 de diciembre de 1914, a Raffaelina Cerase – Ep. II, p. 273)

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

Oh Jesús mío, perdona nuestras culpas, libranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las más necesitadas de tu misericordia.

Ave María Purísima, sin pecado concebida.
Santo Padre Pío, Ruega por nosotros.

CUARTO MISTERIO:

El gran bien de tu alma es ser en todo y plenamente de Dios. Quien no es sino de Dios, sólo se entristece por haber ofendido a Dios; y su tristeza por este motivo se queda en una profunda, tranquila y pacífica humildad y sumisión, de la que se recupera apoyándose en la bondad divina, por medio de una dulce y perfecta confianza, sin melancolía ni contrariedad. Quien no es sino de Dios, no busca más que al mismo Dios; y, porque no es menos en la tribulación que en la prosperidad, permanece en paz en medio de las adversidades. Quien no es sino de Dios, piensa de continuo en él en todos los momentos de esta vida; y trata de ser cada día mejor ante los ojos de Dios; y encuentra y admira a Dios en todas las criaturas; y exclama con San Agustín: <<Todas las criaturas, Señor, me invitan a amarte>>. Quien no es sino de Dios quiere que todos sepan que le quiere servir, que le quiere amar; y se empeña por realizar todos los ejercicios que le ayudan a permanecer unido a él. Sé pues, siempre de Dios, mi queridísima hija; no seas más que para él, no deseando más que agradarle a él, y a sus criaturas en él, según él y por él. (17 de Agosto de 1918, a Raquelina Russo – Ep. III, p. 521)

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

Oh Jesús mío, perdona nuestras culpas, libranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las más necesitadas de tu misericordia.

Ave María Purísima, sin pecado concebida.
Santo Padre Pio, Ruega por nosotros.

QUINTO MISTERIO:

En otra ocasión, a la sierva del Señor (Santa Clara) le llegó a faltar el aceite, de tal forma que no podía ni preparar la comida para las hermanas enfermas. Entonces S. Clara, maestra de humildad, tomó ella misma el recipiente, lo lavó con sus manos, y lo colocó en el hueco del muro preparado para este fin, para que el hermano limosnero lo pudiera tomar. Después, lo llamó para que fuera en busca del aceite. El hermano Bentivenga se apresuró a remediar la necesidad de las hermanas pobres. Pero antes de que él que llegara, el recipiente se encontró lleno de aceite, por la misericordia divina, que ya tenía la súplica de S. Clara, obediente al mandato del Santo Padre (San Francisco) de preocuparse de sus pobres hijas. Y pensando el buen hermano que le habían llamado en balde, se lamentó: quizás estas hermanas me han llamado para burlarse de mí, porque la vasija está llena. Se buscó en los alrededores al que podría haber traído el aceite, pero no se encontró a nadie. De este modo el Señor venía milagrosamente en ayuda de aquellas que habían abandonado todo por él, y se plegaba obediente a la voluntad de su esposa, que le rogaba con pureza y con esa fe que transporta los montes. Pidamos también nosotros a nuestro querido Jesús la humildad, la confianza y la fe de nuestra querida santa; como ella, oremos a Jesús con fervor; abandonémonos en él, alejándonos de este mentiroso aparato del mundo, donde todo es locura y vanidad, donde todo pasa; sólo Dios permanece para el alma, si ésta ha sabido amarlo bien. (30 de diciembre de 1921, a Graciela Pannullo – Ep. III, p. 1087)

Padre Nuestro, 10 Ave María y Gloria

Oh Jesús mío, perdona nuestras culpas, libranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las más necesitadas de tu misericordia.

Ave María Purísima, sin pecado concebida.
Santo Padre Pío, Ruega por nosotros.

Por las intenciones del Santo Padre Francisco para este mes:

Salve, 3 Ave María y Gloria

Rezamos la Oración a San Miguel Arcángel por el Padre Gustavo Seivane, asesor espiritual nacional de los grupos de Padre Pio. Pedimos su protección y fortalecimiento:

“San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla. Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas.” Amén.

Letanías de la Humildad

Jesús manso y humilde de corazón, óyeme.

Del deseo de ser lisonjeado, líbrame Jesús.

Del deseo de ser alabado,

Del deseo de ser honrado,

Del deseo de ser aplaudido,

Del deseo de ser preferido a otros,

Del deseo de ser consultado,

Del deseo de ser aceptado,

Del temor de ser humillado,

Del temor de ser despreciado,

Del temor de ser reprendido,

Del temor de ser calumniado,

Del temor de ser olvidado,

Del temor de ser puesto en ridículo,

Del temor de ser injuriado,

Del temor de ser juzgado con malicia,

Que otros sean más estimados que yo.

Jesús dame la gracia de desearlo.

 

Descargar el Santo Rosario del Padre Pío de Pietrelcina en PDF

Reflexiones del Santo Padre Pío

Reflexiones del Padre Pío sobre María Santísima

• Si no hubiera fe, los hombres te llamarían diosa. Tus ojos resplandecen más que el sol, eres hermosa, Madre, me glorío, ¡Te quiero!

• Oye, Madre, yo te quiero más que a todas las criaturas de la tierra y del cielo; después de Jesús, es claro; ¡te quiero tanto!

• Seamos inmensamente gratos a la Virgen. ¡Ella nos dio a Jesús!

• Permanece como la Virgen, al pie de la Cruz, y serás consolado. Ni siquiera allí María se sentía abandonada. Por el contrario, su Hijo la amó aun más por sus sufrimientos.

Reflexiones del Padre Pío sobre la Humildad

• Si necesitamos paciencia para tolerar las miserias ajenas, más aún debemos soportarnos a nosotros mismos.

• En tus diarias infidelidades, humíllate, humíllate, humíllate siempre. Cuando el Señor te vea humillado hasta el suelo, te tenderá su mano. Él mismo pensará en atraerte hacia Él.

• Has construido mal; destruye y reconstruye bien. Dios enriquece al hombre que ha hecho el vacío en si mismo.

Reflexiones del Padre Pío sobre el Sufrimiento

• Casi todos vienen a mí para que les alivie la Cruz; son muy pocos los que se me acercan para que les enseñe a llevarla.

• La vida del cristiano no es más que un perpetuo esfuerzo contra sí mismo. El alma no florece sino merced al dolor.

• Apelen a Dios cuando su cruz los martiriza. Así imitarán a su Hijo que, en Getsemaní, imploró algún alivio. Pero como Él, estén dispuestos a decir: ¡Hágase!

• “Lo importante es caminar con sencillez ante el Señor. No pidas cuenta a Dios, ni le digas jamás “¿Por qué?” aunque te haga pasar por el desierto. Una sola cosa es necesaria: Estar cerca de Jesús. Si nos cita en la noche no rehusemos las tinieblas.”

Reflexiones del Padre Pío sobre las Pruebas y las Tentaciones

• Ten por cierto que si un alma le es grata a Dios, más la pondrá a prueba por tanto, ¡coraje! y adelante siempre.

• Por muy altas que sean las olas, el Señor es más alto. ¡Espera!… la calma volverá.

• Las pruebas a las que Dios los somete y los someterá, todas son signos del amor divino y perlas para el alma.

• Uno puede ahogarse en alta mar y también puede sofocarse hasta el ahogo con un simple vaso de agua. ¿Dónde está la diferencia? ¿Acaso no es la muerte, en cualquiera de esas formas?

• El demonio es como perro encadenado; si uno se mantiene a distancia de él, no será mordido.

• Jesús los guía hacia el cielo por campos o por desiertos, ¿Qué importancia tiene? Acomódense a las pruebas que El quiera enviarles, como si debieran ser sus compañeras para toda la vida; cuando menos lo esperen, quizás queden resueltas.

• En una estampa que representaba la cruz, el Padre escribió estas palabras: “El madero no los aplastará; si alguna vez vacilan bajo su peso, su poder los volverá a enderezar“.

• Gólgota. Una cima cuya ascensión nos reserva una visión beatifica de nuestro amado Salvador.

• Puede decirse con toda justicia que que cada alma destinada a la gloria eterna es una de esas piedras indispensables. Cuando un constructor quiere levantar una casa, debe ante todo limpiar y nivelar el terreno; el Padre celestial procede de igual manera con el alma elegida que, desde toda la eternidad ha sido concebida para el fin que Él se propone; por eso tiene que emplear el martillo y el cincel. Esos golpes de cincel son las sombras, los miedos, las tentaciones, las penas, los temores espirituales y también las enfermedades corporales. Dad, pues, gracias al Padre celestial por todo lo que impone a vuestra alma. Abandonaos al Él totalmente. Os trata como trató a Jesús en el Calvario.